¿Somos lo que recordamos ser?
La identidad es la idea que uno construye sobre una persona, en relación a sus rasgos, características o hechos vividos. La memoria juega un papel muy importante y necesario en la formación de la identidad, ya que, para que este conjunto de ideas lleguen a formar esquemas conceptuales, se necesita que estos se retengan como recuerdos para así dotar de cierta continuidad. Gracias al fenómeno de la memoria se codifican y almacenan experiencias en el cerebro, pudiendo recuperarlas en un futuro (Ballesteros, 2012). La identidad, al ser construida por el recuerdo, puede ser transformada a raíz de las diferentes experiencias que las personas viven (Maldonado, 2010).
Existe un tipo de memoria especialmente implicada en la creación autobiográfica, esta es, la memoria episódica. Dentro de esta encontramos aquella información propia sobre experiencias personales que han sucedido en un lugar y momento temporal determinado (Ballesteros, 2012).
Como sugiere Candau (2001) la memoria e identidad son complementarias, ya que la memoria es generadora de identidad, y a su vez, la identidad interviene en la formación de los recuerdos, por lo que resulta imprescindible comprenderlas como una relación de causa y efecto.
Por otra parte existe otro tipo de memoria que complementa la memoria episódica. Esta es la memoria semántica. La memoria semántica recoge todos los hechos vividos y almacenados en la memoria episódica para dotarlos de un significado que va más allá de la experiencia, a través de asociaciones y esquemas. De esta forma logra formar conceptos muy diversos (Ballesteros, 2012).
A pesar de que la memoria trabaje a través de procesos muy complejos y parezca no fallar nunca, ésta en ocasiones no es tan fiable como puede parecer. ¿Nunca os ha pasado que vuestro recuerdo sobre una experiencia es diferente al de otra persona que ha vivido lo mismo? Esto ocurre porque la memoria trata de fusionarse con la historia real, pero esto implica una participación emotiva. Como Rossi (2003) afirma, la memoria “no es un recuento sobre lo que sucedió, sino un análisis de cómo se involucraron los actores sociales en eso que sucedió”. Los recuerdos están repletos de significado (Díaz y Alexis, 2011) elaborado por la memoria semántica, como se ha mencionado anteriormente.
Además, muchos de los recuerdos que una persona llega a generar tienen un contexto social, y por lo tanto, son subyugados a una interpretación colectiva y traducidos desde un punto de vista personal y subjetivo (Díaz y Alexis, 2011; Maldonado, 2010). Por este motivo, asumir como real el recuerdo de los hechos vividos podría sesgar la percepción de la realidad, ya que, la percepción autobiográfica no es no juega con un análisis objetivo de la realidad sino con la elaboración de clasificaciones y categorías (Sarlo, 2005). Tras haber investigado los hechos anteriores, nos cuestionamos: ¿quiénes somos realmente?
¿Somos quienes creemos ser? ¿La idea que nosotros tenemos sobre nosotros mismos es la misma que la que tienen los demás?
La identidad colectiva permite a los individuos diferenciarse del resto a través del espejo social. El contacto con lo extraño y diferente permite realizar comparaciones de semejanza y disparidad, y eso proporciona ideas, conceptos y asociaciones que llevan a los individuos a enriquecer y nutrir la noción de uno mismo (Maldonado, 2010). Por lo tanto, sí, el resto de las personas también elaboran representaciones sobre vosotros. Probablemente otras personas tengan una idea de vosotros distinta a la que vosotros mismos tenéis, porque en sus recuerdos ha influido el factor personal y subjetivo del que se hablaba anteriormente.
Además algunas patologías, por ejemplo el Alzheimer, pueden mermar y muchas veces alterar su noción de identidad (Salazar, 2007).
En definitiva, los recuerdos permiten formar una identidad propia, sin embargo, esto no significa que seamos siempre lo que recordamos ser, como cuestionábamos al inicio de la publicación.

Bibliografía
Ballesteros Jiménez, S. (2012). Psicología de la memoria. Estructura, Procesos, Sistemas.
Candau, J. (2001). memoria e identidad (E. Rinesi, Trad.). Buenos Aires: Del Sol.(Original publicado en 1998).
Maldonado Alemán, M. (2010). Literatura, memoria e identidad: una aproximación teórica. Revista de Filología Alemana, Anejo 3, 171-179.
Pinilla Díaz, Alexis V. (2011). La memoria y la construcción de lo subjetivo. Revista Folios, (34),15-24.[fecha de Consulta 30 de Abril de 2021]. ISSN: 0123-4870. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=345932037002
Salazar, M. (2007). Identidad personal y memoria en adultos mayores sin demencia y con enfermedad de Alzheimer. Actualidades en psicología, 21(108), 1-37.
Souroujon, G. (2011). Reflexiones en torno a la relación entre memoria, identidad e imaginación. Andamios, 8(17), 233-257.